“No somos insensibles a lo que sucede con la violencia, con todo lo que pasa en México desde hace 20 años”, dice su director artístico.

Desde 2015, Ónix Ensamble ha celebrado sus 20 años de existencia con un trabajo sostenido que apunta al futuro. Luego de varios conciertos en los que han dado a conocer nueva música, así como actividades académicas, el quinteto lanza Furia y silencio (Urtext Classics, 2016), su onceavo disco.

El flautista Alejandro Escuer, director artístico del quinteto, dice en entrevista que el disco anterior fue en 2012, aunque con motivo del 20 aniversario editaron algunos álbumes de los proyectos solistas de sus integrantes. Furia y silencio se presentó el martes pasado en la Fonoteca Nacional por el grupo integrado por Fernando Domínguez (clarinete), Edith Ruiz (piano), Abel Romero (violín), Edgardo Espinosa (violonchelo) y el propio Escuer.

Cada obra tiene una historia particular, como Por la fuerza de las tierras, de Charles Halka. En el 2010, con motivo de la celebración del bicentenario de la Independencia de México y el centenario de la Revolución, Ónix Ensamble comisionó una obra que tuviera que ver con el tema y así nació la colaboración de Halka.

El compositor lituano-estadunidense creció en San Luis Potosí y es muy cercano a la cultura mexicana, explica el líder del quinteto. “Su obra tiene elementos de música folclórica, pero muy a la Bartok, muy rítmicos y, a la vez, muy abstractos. Hay una cita de una especie de corrido que se acelera y se desacelera, como si una especie de rockola que pierde corriente y luego la recupera”.

Por la fuerza de las tierras hace referencia “a esos procesos de la Revolución que fueron complicados y que todavía son vigentes. Se luchaba por la libertad y la igualdad, lo que tiene que ver con el hecho de que la desigualdad no se ha resuelto en nuestros días”.

En cierta forma las obras que componen Furia y silencio, añade el flautista, “se refieren a la necesidad de que las artes cumplan una función social y hablen de lo que sucede. No somos insensibles a lo que sucede con la violencia, con todo lo que está pasando en México desde hace 20 años. La música habla de esa necesidad de imponerse como una voz que quiere sanar. La música es una lucha por la esperanza, por el optimismo y por que las cosas vuelvan a un equilibrio, lo que es el común denominador de las cuatro obras del disco”.

Escuer define a la obra de Ana Lara como contrastante, porque “tiene muchos destellos de ritmo y luego se vuelve muy estática, contemplativa. Es la pieza más abstracta de todo el disco”.

Silencio en Juárez, de Juan Pablo Contreras, “un autor bastante joven, está dedicada a unos adolescentes que estaban en una fiesta en Ciudad Juárez y fueron ametrallados por error, creyendo que eran narcotraficantes. La pieza es muy fuerte, con sus atmósferas contrastantes”.

El hecho de que Ónix Ensamble trabaje con este tipo de repertorio, tiene que ver con ofrecer arte nuevo al público. Alejandro Escuer está convencido de que es preciso “disfrutar de la música que ya conocemos. Sin embargo, es igualmente importante y sano respirar aire nuevo, sacarle a nuestro acervo de lo que ya disfrutamos, ir robusteciéndolo poco a poco con obras desconocidas que nos hagan vivir experiencias sonoras distintas”.

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